Todas las monedas tienen dos caras, y todas las situaciones individuales y colectivas, dos aspectos. Tras la cruz de la Polonia eterna, espiritual y trascendente de Anheli, llega de la misma Polonia la cara de la moda global, postpop, hipertrivial, que eleva a canon la papilla relativista que los medios de comunicación han convertido en cultura de masas. Esta versión desinhibida de la muy seria obra Sprawa Dantona (El caso Danton) escrita hace casi un siglo por una joven morfinómana obsesionada por la Revolución Francesa que murió tuberculosa a los 33 años, es un paradigma del ocaso del posmodernismo, de lo antiguo que es lo moderno de ayer mismo. El delirio egocéntrico de Jan Klata, -que va a cumplir 40 tacos pero an no madura-, tiene méritos de partida, pero se despeña a lo largo de casi tres horas circenses, histriónicas, ridículas y bastante tediosas. Con la mitad de duración, la eliminación de innumerables gracietas, folleteos y descubrimientos de la rueda, la propuesta podría haber cuajado en la excelencia del reparto y la universalidad del dilema moral, filosófico, político y vital que se presenta, la piedra fundacional de nuestra época, el pecado original de nuestra democracia. Pero entonces hubiera sido otra obra: las propuestas serias son aburridas, tienen caspa y no divierten a los descerebrados entretenedores que nos venden como sesudos intelectuales del nuevo siglo.
En la revolución francesa y sobre todo en su rápida evolución hacia la dictadura, se esconde una de las más apasionantes historias de los tiempos modernos. Son infinitas las teorías revisionistas, los nuevos enfoques, las propuestas originales, los plagios, pero siempre llegamos al mismo sitio: había que acabar con el viejo régimen y no fue posible, como nunca lo es, hacerlo racional y ordenadamente. Lo que vino fue un desastre y el desastre duró siglos de lenta evolución y mejora. Hasta llegar a hoy mismo, donde hay signos de que la pescadilla está a punto de morderse la cola.
Georges-Jacques Danton (1759-1794) fue un abogado y político francés cuyo empuje transformador fue moderándose a la vista de los excesos y defectos de sus correligionarios, hasta acabar guillotinado por sus camaradas radicales liderados por Maximilien de Robespierre (1758-1794), que a su vez sufriría la misma suerte menos de cuatro meses después. Todas las revoluciones desde entonces han devorado a casi todos los revolucionarios hasta dejar solo uno, que es el que se queda con todos los consumos y la terrible gloria: Urss, China, Corea, Egipto, Cuba, Libia, Irak, Irán, Venezuela
Algunos piensan que la muerte de Stanislawa Przybyszewska en 1935 se debió a su fijación delirante con la Revolución Francesa. En sus ltimos años databa sus cartas con el calendario del 18 Brumario y se transformó en una especie de medium del espíritu de Robespierre, a quien le atribuía dotes visionarios sobre todo el desastroso sino del capitalismo. Además de Sprawa Dantona (1929) escribió Thermidor (1935), sobre el mismo tema. El caso Danton no se estrenaría hasta 1967 y sería ya en 1975 cuando el famoso Andrej Wajda presentará su versión en los escenarios, de la que saldría su gran película de 1983.
Fue una versión realista pero politizada, que buscaba traducir a Danton en el sindicato Solidaridad de Lech Valesa y a Robespierre en el régimen burocrático y autoritario de la Polonia socialista. Se discutió en su momento y probablemente con razón. Es lógico que en la Polonia actual, católica y capitalista hasta las cachas, llegara una revisión y de ella se ha hecho cargo Jan Jan Klata (1973), símbolo rompedor de una transición con fisuras y sombras, como todas, un niño prodigio que a los doce años ganó el concurso organizado por el Teatro Contemporáneo de Wroclaw con su primera obra, Elefante verd; que después ha jugado al énfant terrible y que ahora presenta el serio dilema Danton-Robespierre en versión desmitificadora, entre continuas referencias a la cultureta pop de las pasadas décadas.
Con canciones de Tracy Chapman, Culture Club, UB 40, T-Rex y muchos más ídolos del pop decadente, con nmeros musicales inspirados en shows rocanrroleros, con sampleados del cine y de la moda, con un espacio escénico que reproduce el chabolismo de las villas miseria, con simulaciones sexuales continuas de coitos en todas las posturas y un triángulo gay entre los dos protagonistas y el periodista panfletario Desmoulins, con guarrerías colegiales y un sin fin de ocurrencias, con todo ello construye una sopa pastosa que lucha por ocultar el drama original bajo una avalancha de nada.
Robespierre es un psicópata ciclotímico armado con una sierra eléctrica y Danton un arrogante mamarracho. Los personajes que secundan a ambos son cuadrillas de gamberros con peluca. De la viciosa joven amante de Danton y de la tonta esposa de Desmoulins ni hablemos. Y sobre todos los excesos se eleva una Marianne -la Agustina de Aragón de los franceses- enloquecida y haciendo pedorretas. Hemos comenzado intuyendo el abismo del terror iniciado entonces -brutal injusticia en nombre de la libertad- y terminamos en un cortocircuito interminable de flashes, carreras, ruidos y caos que podría entenderse como metáfora del resultado final de dos siglos de revoluciones fallidas, pero que en realidad es sólo el remate pirotécnico de una propuesta fallida.
Nos dicen que El caso Dantón -estrenado en 2008, presentado en Buenos Aires en 2009- es un drama político irreverente y carnal con referencias a la cultura postmoderna, que pulveriza lo grandilocuente, que es desacralizador, que pretende condenar cualquier ampulosidad discursiva; una estructura desmitificadora de desencanto y cinismo. Pero más bien parece un chiste desproporcionado, una pataleta desaforada, una boutade nihilista que busca la fama fácil que acompaña a todas estas tonterías. Personajes históricos travestidos en estrellas de La Noria. Un pastiche en el que famoseo y sexo eclipsan política y filosofía. Lo mismo, terminará ocurriendo.
Mucho nos gustaría hablar más en detalle de los catorce personajes históricos de la obra, de sus peripecias personales en aquel marco telrico. Del elenco que los da vida sólo puede alabarse la calidad actoral de voz y presencia: lástima que el director les obligue a hacer dibujos animados. En las antípodas valorativas, la imperdonable falta de respeto del Teatro Español para con su pblico: su nica obligación era ofrecer unos subtítulos en condiciones; el fallo fue vergonzoso, lo que contribuyó a que casi una cuarta parte de los espectadores abandonara el espectáculo antes de su finalización. Es ya proverbial la mala calidad de los subtítulos en los espectáculos extranjeros que se ofrecen en Madrid así como la falta de documentación que ayude al espectador. Pero lo ocurrido con El caso Danton bate récords. Y es pura desidia.
El dilema Danton-Robespierre sigue vivo. Las dudas sobre la Revolución Francesa son de rabiosa actualidad. La marcha hacia la libertad, la igualdad y la fraternidad apenas ha comenzado. Nos podemos reír de todo ello, pero sería mejor aportar algo. Y sin la arrogancia oportunista que en el fondo es lo que en realidad irrita.
Videoclip de la representación.
VALORACIÓN DEL ESPECTCULO (del 1 al 10)
Interés: 8
Adaptación: 6
Dirección: 6
Interpretación: 8
Escenografía: 5
Realización: 0 (por los subtítulos)
Producción: 7
TEATRO ESPAÑOL
Las Naves del Matadero
EL CASO DANTON
(Sprawa Dantona)
de Stanislawa Przybyszewska
Adaptación y dirección: Jan Klata
Compañía Teatr Polski de Wroclaw
Adaptación de texto, dirección y pruebas: Jan Klata
Adaptación de texto y dramaturgia: Sebastián Majewki
Escenografía Mirek Kaczmarek
Movimiento escénico Macko Prusak
Diseño de luces Justyna Lagowska
Reparto: Kinga Preis, Anna Ilczuk, Katarzyna Straczek, Marcin Czarnik,
Wieslaw Cichy, Wojciech Ziemianski, Bartosz Porczyk,
Andrzej Wilk, Marian Czerski, Edwin Petrykat, Zdzisaw
Kuzniar, Miroslaw Haniszewski, Rafal Kronenberg, Michal
Opalinski y Michal Mrozek
Madrid, 28 y 29 de octubre
Duración: 160 minutos.



Si (
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