Hay veinte musicales en los teatros madrileños, en una especie de sarampión tardío de un género insulso, de un bobo pasatiempo. No vemos por qué el Centro Dramático Nacional tiene que sumarse a esta tendencia, pues debe estar para cosas más serias. Pero estrenar en el Teatro María Guerrero un musical con un nico msico y una caja de ritmos, unas melodías mediocres y a veces desafinadas, una vedette madura y pasada, y cuatro actores con caretas, es de juzgado de guardia. Cada vez es más necesario un Defensor del Espectador ante tales tropelías. En esta Perséfone nada hay de la Perséfone clásica. Es una infrahistoria llena de lugares comunes y chistes zafios que ha necesitado cuatro guionistas, algo para el Guinness. Su nico apoyo es la marca Els Comediants, pero las marcas que no mantienen la calidad se hunden por muchas ayudas que reciban: once funciones en Mosc representando a la cultura española, dinero de un montón de instituciones pblicas y larga gira asegurada. Razones de peso para no tener más remedio que mostrarnos críticos.
En la mitología griega, Perséfone -que significa la que lleva la muerte-, era hija de Zeus y de Deméter, raptada por Hades, Dios de los Infiernos. Es la reina del más allá, un personaje al que ya se adoraba en el Neolítico. Un gancho para atraer al pblico. Pero no se dejen confundir. Es verdad que la obra versa sobre la muerte, pero en clave superficial, sin la menor enjundia: Viajaremos por una retahíla de escenarios y situaciones que nos enfrentarán a costumbres, mitos y leyendas alrededor de un tab que nuestra civilización todavía no se atreve a mirar a la cara. A través del lenguaje de las varietés y del cabaret, con el canto, el baile, la máscara y los gestos marca de la casa, Comediants se atreve a plantear sin tapujos uno de los temas más espinosos de nuestra civilización. Y es que el buen teatro no sólo entretiene, sino que nos hace pensar al ponernos, desnudos, ante nosotros mismos, prometen.
Pero prometiendo una reflexión madura, ofrecen un espectáculo de fin de curso; metiéndose en harina ni más ni menos que con la muerte, lo resuelven con gracietas facilonas y escatología variada a la altura de ese cagador o caganer tipycal catalonia de tan mal gusto.
Y es que de pensar, de propuestas provocadoras, de argumentos originales, de intuiciones ocurrentes, de fantasías inspiradoras, nada de nada; sólo chistes fáciles. Se suceden las tonadillas facilonas con letras deplorables y a menudo ininteligibles, y entre ellas se colocan parrafadas absurdas. Ramón Calduch es el hombre orquesta que ilustra material enlatado reciclable con algunos toques de guitarra, contrabajo y batería, amén de ruidos diversos. De verdad que hemos visto artistas callejeros hacerlo con más gracia. ngels Gonyalons tiene que bregar con un papel absurdo, una reina de la muerte vestida de cabaretera, y cantar mal que bien cosas que no siente. Dentro del desastre, los papeles de Laia Oliveras y Laia Piró se salvan de la quema, ayudados por los demás personajes subalternos menos uno que imita escandalosamente a Gurruchaga. Nos gustó el preso, quizás porque nos recordaba a nuestra pescadera del mercado de Antón Martín, una chica bien graciosa. Nos gustaron las máscaras y los movimientos en escena de los actores con ellas puestas. Da la impresión que Els Comediants no están muy seguros, pues han introducido cambios desde el estreno. Se necesitarían tantos que son impensables.
Cuando los espectadores de las butacas próximas no sabían ya donde esconderse, aparecieron cuatro parcas al viento que de repente nos hicieron recordar los estandartes que hace veinte años hicieron famoso a este grupo en la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Barcelona. Y entonces se produjo el nico momento teatral de toda la noche. Al terminar, el pblico del estreno, a pesar de la claque habitual en estos lances, no se mostró entusiasmado sino todo lo contrario. Fue un naufragio que nos recordó el del verano pasado con Crazy Love de Petra Martínez y Juan Margallo in memoria de Castañuela 70. No es que sea sólo un espectáculo de variedades, con su estilo y tono, sino que es una especie de popurrí de artes con diferentes lenguajes, ha intentado Font justificarse. Sinceramente, hay que pronunciar la palabra temida: bodrio.
VALORACIÓN DEL ESPECTCULO (del 1 al 10)
Interés: 5
Msica: 4
Texto: 4
Dirección: 5
Interpretación: 6
Escenografía: 5
Realización: 5
Producción: 4
Teatro María Guerrero
Centro Dramático Nacional
Perséfone (Variaciones mortales)
de Comediants
Dirección artística, Joan Font
1 de noviembre a 4 de diciembre de 2011
Idea y creación: Comediants
Guión Jaume Bernadet, Joan Font, Miguel Ibáñez Monroy, Joan B. G. Seguí
Dirección Joan Font
Composición musical Ramón Calduch
Letras de canciones David Pintó, Ramón Calduch
Dirección de arte Jordi Bulbena
Adjunta a dirección y coreografía Montse Colomé
Iluminación Albert Faura
Imagen y vídeo Banzai Studio
Asesor de dramaturgia Jordi Prat
Reparto
ngels Gonyalons
Jordi Llordella
Laia Oliveras
Laia Piró
Marc Pujol
Ramón Calduch (msico)
Coproducción de Centro Dramático Nacional, Comediants, Teatre
Lliure y Festival Internacional Chéjov de Mosc.
Con el apoyo del Institut Català de les Indstries Culturals de la
Generalitat de Cataluny, TeatreAuditori Sant Cugat, Teatre Joventut de
LHospitalet y Festival de la Porta Ferrada de Sant Feliu de Guíxols y con
la colaboración del Ministerio de Cultura de la Federación Rusa.




Si (
No(


