En este álbum de poeta copié, en leves notas, unas veces con color solo, otras sólo con pensamiento, otras con luz sola, siempre frenético de emoción, las islas que la entraña prima y una del mundo del instante subía a mi alma, alma de viajero, atada al centro de lo nico por un hilo elástico de gracia; pobre alma rica, que yendo a lo suyo, se figuraba que iba a otra cosa o al revés, ay!, si queréis. Juan Ramón Jiménez escribió Diario de un poeta recién casado en 1916. Luis Muñoz hizo una selección y José Luis Gómez la leyó en un audiolibro editado por la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales e ideó en 2009 una velada íntima, en la que evocaba pasajes en una lectura no teatralizada. Para abrir la temporada actual de su teatro de la Abadía ha recuperado este recital en cinco nuevas representaciones. Un acierto.
Con 35 años, Juan Ramón Jiménez viajó a Nueva York para casarse con Zenobia Camprubí vencidos sus rechazos durante tres años. Cuenta en verso y prosa ese viaje un año después ya ejerciendo de poeta felizmente casado. Una forma entre mil existentes en su obra de acercarse al gigante JRJ, incomprendida víctima an hoy de la envidia, del partidismo, del capillismo, del enanismo y de todos los malditos ismos. El poeta de Moguer quiso realizar una obra sobrehumana que quedaría incompleta como no podía ser de otra manera. Pero en su bsqueda de la excelencia se elevó a cotas sobrehumanas que an no han sido comprendidas ni respetadas. Sobrepasó el primer impresionismo, destiló las esencias modernistas, superó a los famosos franceses de su tiempo y no fue hipócrita ni vendedor de sí mismo. Maldita falsa modestia. En la edición de 1948 de este libro afirma sin pudor: la mitad de la poesía moderna, en España, viene del Diario. Rompió con el verso y hasta con la rima, alternó verso y prosa, llegó a los adentros y a los arriba: Lo conseguido con los menos elementos, lo creado sin esfuerzo. Voluntad de ascensión a lo perdurable, concisión. Imágenes difíciles, visiones restallantes de luz e intelecto, forma y fondo en inigualable síntesis.
José Luis Gómez demuestra en este desafío ser persona culta, inteligente, amante de la belleza, sbdito de la estética y de la ética en su necesaria síntesis. Correctísima interpretación, adecuada lectura. Medida dirección, encantador ambiente escénico. Adecuada reivindicación de JRJ, un grande estpidamente arrinconado. Una escenografía agigantada en su sencillez y simpleza hecha de buen gusto, de finura auténtica. Sonidos sugerentes, silencios parlantes. Iluminación sobria y cambiante, proyecciones adecuadas. Duración justa. Un placer completo.
Lo que ocurre en el lenguaje del libro es una operación prodigiosa cuyas consecuencias todavía hoy pueden sentirse: la poesía en castellano encuentra una nueva manera de estar en el mundo y, por tanto, un nuevo mundo. Si el modernismo había exprimido el jugo de la retórica tradicional con una poderosa energía que finalmente terminó extinguiéndose, Juan Ramón Jiménez inaugura con Diario de un poeta recién casado mltiples posibilidades luminosas para el verso libre, una forma de medir el tiempo en los poemas que, segn afirmaría más tarde, le había sido inspirada durante su viaje a Nueva York por el movimiento del mar, dice Luis Muñoz. El mar, el cielo: de cómo JRJ los describe desde el barco en el que cruza el océano al pasar de las horas a lo largo de una sola jornada podría llenarse toda una existencia.
VALORACIÓN DEL ESPECTCULO (del 1 al 10)
Interés: 8
Adaptación: 8
Dirección: 8
Interpretación: 8
Escenografía: 8
Producción: 9
Teatro de La Abadía
Diario de un poeta recién casado
A partir de la selección de poemas realizada por Luis Muñoz para el audiolibro
editado por la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales
Dirección e interpretación, José Luis Gómez
Diseño de sonido, Javier Almela
Escenografía, Heinz Meck
Diseño de iluminación, César Linares
Colaboración artística, Luis dOrs
Producción, Teatro de La Abadía
Del 19 al 23 de octubre de 2011
Duración aproximada 50 minutos.




Si (
No(


