A veces, sólo a veces, las innovaciones espacio-temporales, las ocurrencias argumentales y los procesos creativos colectivos aportan algo al viejo arte del teatro. Es lo que ocurre por fortuna con Bienvenido a casa, la presencia uruguaya en el ciclo Una mirada al mundo de este año, una creación de Pequeño Teatro de Morondanga dirigida por Roberto Suárez, un nombre que de momento dice poco, aunque certero: No importa la trama, importa la vivencia. Teatro de alto voltaje emocional llevado hasta sus ltimas consecuencias en una reflexión valiosísima sobre los hechos y las apariencias, la dificultad enorme de conocer la verdad incluso en situaciones cotidianas. Discípulos brillantes de Luigi Pirandello, tramoyistas excepcionales del teatro dentro del teatro, personajes en busca, no de un autor sino de una historia, la historia de ngel, el protagonista conflictivo y envidiado de una obra que iba a tratar de un ser deforme y terminó en muerte.
Ya no se trata de otra propuesta de larga duración casi nunca justificada. Son tres horas de espectáculo, sí, pero a las dos partes de la obra las separa un día entero de intermedio: en la primer parte parece una reflexión más sobre las peripecias de un grupo de seres disfuncionales y marginales, refugiados en un piso noveno donde penan su existencia. Suena a Claudio Tolcachir y a Pablo Messiez y a ese teatro mínimo de estructura y máximo de pasión que nació de la crisis del corralito en la pasada década. Pero al día siguiente, el espectador es conducido tras las bambalinas a una alucinante trastienda, a la sombría recámara entretelones donde se cuece el espectáculo y la verdad. Y allí asiste a una dimensión más cruda de la vida, lo que hay detrás de las apariencias, al teatro dentro del teatro, a lo que nunca se ve.
Son dos obras de teatro que se yuxtaponen. El espectador desde su subjetividad se enfrenta a determinados acontecimientos que inevitablemente juzgará, pero que posteriormente, el segundo día, al observar la situación desde otro ángulo o punto de vista, comprenderá el engaño de su primera percepción, manifestando lo incompleto que puede llegar a ser nuestro punto de vista, explica Roberto Suárez, quedándose corto en valorar lo que ha creado. Cuatro enfermos mentales graves, vapuleados por medicamentos poderosos que los descontrolan, deciden suicidarse colectivamente y sumar a la ceremonia al hermano de uno de ellos, víctima de nacimiento del síndrome de Down, internado de por vida en un cotolengo, al que planean traerse a casa para sumarlo al acto final. Pero se equivocan de enfermo y se traen a otro que desestabiliza sus planes. Historia dura, argumento terrible, espectadores con el corazón en un puño aunque no deje de ser tragicómica tan terrible tesitura.
Pero con ser mucho, estamos solamente en la capa superficial de la historia. Y al segundo día podremos verla desde dentro. Comprender lo insinuado; que detrás de la ficción que representan se entrevé un secreto turbio, un pacto de silencio, un tupido velo; que paralelamente a la representación de la obra tiene lugar la verdadera tragedia, la de la vida misma con sus ruindades y bajezas individuales, con sus complicidades y crueldades colectivas. Con todo eso que nos hace clamar airados para luego resignarnos al comprender que forma parte del paquete que nos han entregado.
El engranaje entre ambas dimensiones físicas, -el pulcro escenario y su abigarrada trastienda-, es perfecto, sumamente original e innovador, y al mismo tiempo simple, sencillo, como improvisado. Los ocho integrantes del elenco llevan a cabo una sinfonía actoral de antología como el que no quiere la cosa, sin perder nunca ese punto de espontaneidad y credibilidad que distingue sutil pero inexorablemente al buen teatro. No nos dicen el papel de cada uno reforzando de verdad la esencia grupal de la pieza. El equipo técnico también firma en conjunto un sugerente ambiente sonoro, una iluminación ajustada y una tramoya convincente montada con medios elementales. Una gran producción con gastos mínimos. Teatro para tiempos de crisis, en el que la creatividad y la entrega elevan el producto a las más altas cotas internacionales a costes ridículos.
La obra ya pasó por Colombia y Argentina y continuará en Chile. Tras su visita a Madrid, la compañía visita el XXXVI Festival de Teatro de Badajoz. Merecería estar meses en cartel como ejemplo del teatro que se puede y se debe hacer. Lástima de visita tan corta.
VALORACIÓN DEL ESPECTCULO (del 1 al 10)
Interés: 9
Dramatización: 8
Dirección: 8
Interpretación: 8
Producción: 8
Programa de mano: 6
Documentación a los medios: 5
CENTRO DRAMTICO NACIONAL
TEATRO VALLE-INCLN
Ciclo Una mirada al mundo
Bienvenido a casa
Dramaturgia: Roberto Suárez y los actores que intervienen
Dirección, Roberto Suárez
Jueves 24 a domingo 27 de octubre de 2013
Reparto (por orden alfabético)
Sergio Gorfain
Chiara Hourcade
Soledad Pelayo
Oscar Pernas
Mariano Prince
Mario Rodríguez
Rafael Soliwoda
Gustavo Suárez
Producción: Ignacio Fumero Ayo, Salvador Collado
Pequeño Teatro de Morondanga (Uruguay)
Duración:
Parte 1: 65 minutos
Parte 2: 105 minutos
(Encuentro con el pblico día 26 al finalizar la función).