A veces ocurren cosas extraordinarias en nuestros escenarios, y entonces todos los sinsabores se ven compensados. Mnchhausen sólo tiene un problema, el título. Todo lo demás en esta obra de Lucía Vilanova dirigida por Salva Bolta es excelente. Argumento, texto, dirección, interpretación, escenografía La producción completa, en fin, funciona como un mecanismo perfecto, poblado de magia y repleto de vida. El Centro Dramático Nacional endereza la temporada con esta aportación de gran valía a nuestro teatro actual.
Probablemente usted como nosotros nunca antes había oído hablar del síndrome de Mnchhausen por poderes, un enigmático y aterrador trastorno que da título a la obra. Mejor incluso, porque así la anécdota de la trama no le impedirá captar el fondo de la cuestión: la infelicidad en el seno de la familia, supuesto refugio feliz de un mundo hostil. Y la causa de esta infelicidad que no es otra que la ausencia de amor, la incapacidad de querer transmitida de padres a hijos a lo largo de generaciones. Cosas de las que nunca antes se hablaba y hoy están en el origen de la crisis total de la familia, no sólo de la tradicional, sino de las que quisieron ser alternativas.
Los humanos, más allá de razas y culturas, nos dividimos en dos clases: los que saben querer y los que no saben. Éstos ltimos, pobrecillos, no son culpables, lo han heredado como los genes que los determinan. Y aunque puede elevarse por encima de esta condena con decisión y esfuerzo, a menudo no lo consiguen y lo que es peor, lo transmiten a su descendencia. El niño no querido, no aprende a querer y no sabrá querer. El querer no es el mimar, el aparentar y el tolerar; es esa otra cosa que ni siquiera es besos y abrazos, es un intangible que se intuye certeramente, quizás se huela como la hormona de la fertilidad en esta obra.
la autora de esta magnífica obra teatral ha puesto sus destacados dotes de observación al servicio de un drama familiar donde la imposibilidad de querer afecta ya a tres generaciones que conviven bajo el mismo techo, tres mujeres -abuela, madre e hija- que sufren esta desgracia y no pueden evitarlo. Como explica Lucía Vilanova, Mnchhausen es el retrato de una familia profundamente infeliz. Una familia en que las mujeres, víctimas y, a la vez, verdugos, manifiestan que no cabe compasión entre ellas. Retrato de un matrimonio enfermo que, lejos de cortar su relación enferma, la perpeta a base de constantes adaptaciones dolorosas. Retrato de un sistema patológico de relación inquietantemente usual y perceptible en nuestra sociedad que supone la prisión en un círculo vicioso y perpetuo.
Además, hay un padre de familia como tantos otros, profundamente fracasado en sus tareas primordiales -las familiares-, por más que gane dinero y lo traiga a casa. Y sobre todo, dos niños mellizos que se comunican entre el más acá y el más allá, que protagonizan la tragedia puntual que va a estallar en la tragedia cotidiana que los seis personajes viven.
Y es aquí donde entra el síndrome de Mnchhausen por poderes, un raro trastorno hace pocas décadas detectado que consiste en que un adulto provoca enfermedades a un niño que está bajo su control, una extraña forma de maltrato infantil que puede llegar al homicidio con premeditación y alevosía. Casi siempre es la madre, lo cual da al comportamiento tintes horripilantes. El padre suele tener poca presencia dentro de la familia y la educación de sus hijos, de tal manera que le resulta imposible detectar que es su esposa la que simula los síntomas de enfermedad del niño, añadiendo sangre a su orina o heces, dejando de alimentarlo, falsificando fiebres, administrando sustancias para inducir vómitos o diarrea.
El término fue acuñado en referencia al Barón de Mnchhausen, el famoso personaje infantil que inventaba fantásticos viajes. Las madres con síndrome de Mnchhausen causan daño deliberadamente a sus hijos y luego mienten sobre el origen de las extrañas dolencias para satisfacer su enfermiza necesidad de llamar la atención, a veces para salvar su matrimonio o ganarse la simpatía de los demás apareciendo como víctimas. Su mentira se convierte en una actuación tan perfecta que realmente llegan a creerse que están ayudando a sus hijos. La causa es desconocida, aunque se trata de llamar la atención a toda costa. De buscar cariño, de implorar amor.
Un gran texto teatral, que hace recordar a los grandes maestros norteamericanos de mediados del siglo pasado, al tranvía llamado deseo, a la gata sobre el tejado de zinc. Personajes que se definen hablando; diálogos medidos, llenos de violencia y dulzura, como los de la vida corriente; monólogos restallantes, llenos de ingenio. Una escenografía poderosa, clásica de tan moderna, de líneas y luces, de paneles y niveles, de ambientes vacíos y muebles escasos, con un patinete de sueño, que saca un provecho feliz de las posibilidades técnicas de este magnífico teatro Valle Inclán, de su sala Francisco Nieva. Una dirección coherente de principio a fin en los tiempos y las pausas, que ordena los elementos artísticos y humanos con precisión germana y consigue un producto casi perfecto. Todo es como debe ser: iluminación, vestuario, una msica misteriosa que recuerda a Jhon Tavener, un vídeo impactante.
Gran interpretación colectiva del reparto, esos trabajos corales que benefician a todos y multiplican la fuerza. Los dos Nik, jóvenes haciendo de niños, papeles muy difíciles ciertamente, son quizás el sólido anclaje donde todo se sustenta, especialmente Nik 1, David Castillo, el papel más difícil de la obra. Teresa Lozano hace un papelazo medido al milímetro, hiperrrealista, desternillante, y Macarena Sanz una preadolescente perfecta. Son un do memorable, sobre todo en el dramático desenlace cuando se imitan una a otra. El contrapunto de Ileana Wilson como la entrañable tata Estrella, es también vital para la temperatura de la obra. Y finalmente, el matrimonio, la parte menos agradecida del elenco, la que carga con las tensiones no explícitas, la que deberá llevarnos a un climax sobrecogedor. Adolfo Fernández podría ser un convidado de piedra, pero aguanta firme en su sitio, y Carmen Conesa tiene que transmitir una doble personalidad sin hacerlo. No da ni una pista y al mismo tiempo clama que algo raro pasa. En febrero de 2010 aportó su buen hacer a una Madre Coraje de Gerardo Vera en el CDN, y contribuyó también en diciembre de ese año a un gran homenaje al poeta Luis Rosales en el Teatro Español.
Lástima que se nos escapara la presencia de Lucía Vilanova en el ltimo ciclo Los Abadías con una obra titulada Torvaldo furioso. De todas maneras no hace falta para, a la vista de lo visto en la sesión de ayer de Mnchhausen, augurar y desear una fructífera carrera como autora dramática a esta mujer de 50 años que inicia con ímpetu una nueva etapa. No se apoya en autores clásicos para realizar adaptaciones oportunistas. Permanece atenta al aquí y ahora que es lo que más necesitamos en nuestros escenarios. Equilibra humor y llanto. No practica el chiste fácil ni la lágrima trompicada. Y parece no tener prejuicios ideológicos, políticos ni sociales. Una bicoca.
En cuanto a Salva Bolta, su Mnchhausen ha sido una gratísima sorpresa. Tres veces, tres, habíamos reseñado montajes suyos, y las tres habíamos sido críticos. Dirigió Delirio a do, de Ionesco en 2008 y dimos una opinión negativa. Para el CDN en 2009, dentro del tríptico Retablo de la avaricia, la lujuria y la muerte de Ramón María del ValleInclán, se encargó de La rosa de papel: convertirla en un chiste de burdel, es lo más equivocado que puede hacerse con ella, escribíamos. Finalmente sobre su Días felices, de Samuel Beckett en 2010 en los Teatros del Canal, dijimos: un montaje que se queda en los aledaños de la propuesta. Pues bien, es una alegría poder decir ahora que con este cuarto trabajo, Bolta enmienda los tres anteriores, encuentra un buen camino, un camino que quizás discurra más lejos de adaptaciones originales de los clásicos, y más cerca de autores actuales y problemáticas de nuestro tiempo, que no es el siglo XX aunque lo parezca, que es el XXI. Ni Ionesco, ni Beckett, ni Valle Inclán pueden ayudarnos en la tarea.
VALORACIÓN DEL ESPECTCULO (del 1 al 10)
Interés: 7
Texto: 8
Dirección: 7
Interpretación: 8
Escenografía: 7
Realización: 7
Producción: 8
CENTRO DRAMTICO NACIONAL
Mnchhausen, de Lucía Vilanova
Dirección, Salva Bolta
11 de noviembre a 23 de diciembre de 2011
Teatro Valle-Inclán | Sala Francisco Nieva
Plaza de Lavapiés s/n, 28012 Madrid
Equipo artístico
Texto Lucía Vilanova
Dirección Salva Bolta
Escenografía Paco Azorín
Vestuario Ikerne Giménez
Iluminación Luis Perdiguero
Msica y diseño de sonido Luis Miguel Cobo
Vídeo Eduardo Moreno y Emilio Valenzuela
Ayudante de dirección Luis Luque
Reparto (por orden alfabético)
Nik I, David Castillo
La madre, Carmen Conesa
El padre, Adolfo Fernández
La abuela, Teresa Lozano
Sofía, Macarena Sanz
Nik II, Samuel Viyuela
Estrella, Ileana Wilson
Producción: Centro Dramático Nacional
Esta obra ha sido Premio Assitej-España 2007, una asociación cultural, cuyo objetivo es promover el desarrollo del teatro para la infancia y la juventud en España.



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