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Mirando a una Meca simbólica desde una Sudáfrica cerril

Por José Catalán Deus
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jcdeustelefonicanet/6/6/17
domingo 16 de marzo de 2025, 20:20h
La veterana actriz Lola Herrera interpreta un exótico papel de afrikaner en una pieza que gustará mucho al público tradicional, el del teatro de toda la vida. El director Claudio Tolcachir confirma su pericia y sensibilidad al frente de un reparto sobresaliente en un montaje atractivo.

Esta vez el drama opresivo no ocurre en una pequeña capital de provincia española, donde curas y fuerzas vivas impongan su cerrazón, sino en un lugar desértico en el sur del sur africano en el que mandan unos blancos racistas que no permiten la menor disidencia. Se puede contar de muchas maneras: un pastor metodista reaccionario y una profesora liberal se enfrentan por su influencia sobre una anciana solitaria que ha encontrado su meca creando decenas y decenas de soñadoras esculturas. La Wikipedia en inglés nos dice que miss Helen, una viuda sudafricana ya mayor, ha estado llenando su jardín de esculturas oníricas en un viaje soñado a una meca simbólica. El pastor Marius la quiere convencer de que es tiempo de irse a un asilo, donde estará cuidada y segura, pero Elsa, una profesora a la que conoció hace años de forma casual, llega a tiempo para darla ánimos a que persevere en su soledad creadora.

La protagonista está inspirada en la vida real de Helen Martins, que en la localidad de Nieu-Bethesda, Eastern Cape, creó este curioso lugar, que se llamará The Owl House (la casa del buho) y que es ahora un sitio monumental protegido oficialmente. Al parecer, la anticonvencional mujer terminó suicidándose. Durante las cuatro décadas que duró el apartheid en Sudáfrica, Athol Fugard reflejó en varias obras, particularmente las escritas entre 1958 y 1989, de qué manera repercutía en la vida de sus ciudadanos las leyes que los dividían, clasificándolos por raza en ciudadanos de primera y de segunda, defendiendo a la mayoritaria pero marginada población africana. Tuvo muchos problemas por ello hasta que cambiaron las tornas y se convirtió poco menos que en un héroe nacional.

Es seguro que Fugard se inspiró en una fascinante autobiografía con ese mismo título que Muhammad Asad escribió en 1952, que abarca un período extraordinario de la historia mundial, de 1900 a 1932, en el que Europa arrincona las religiones tradicionales y las cambia por el culto al capitalismo. Asad, cuyo verdadero nombre era Leopold Weiss, creció en Lviv, ayer Polonia, hoy en Ucrania. Se crio en una familia judía y se hizo un experto que a los trece años dominaba el hebreo y el arameo, además de polaco, alemán e inglés. Esta comprensión le llevó a alejarse de la religión: ‘El Dios del Antiguo Testamento y del Talmud se preocupaba excesivamente por el ritual mediante el cual sus adoradores debían adorarlo. También se me ocurrió que este Dios estaba extrañamente preocupado por el destino de una nación en particular: los hebreos. La propia construcción del Antiguo Testamento como historia de los descendientes de Abraham tendía a presentar a Dios no como creador y sustentador de toda la humanidad, sino como una deidad tribal que ajustaba toda la creación a las exigencias de un «pueblo elegido»: recompensándolos con conquistas si eran justos y haciéndoles sufrir a manos de los no creyentes si se desviaban del camino prescrito’. Y se convirtió al islam.

Y se preguntarán como nosotros por qué esta historia sudafricana con raíces teológicas aquí y ahora. Al parecer, Lola Herrera y Natalia Dicenta, madre e hija, buscaban una oportunidad para volver a trabajar juntas. El dramaturgo Claudio Tolcachir, cada vez más inclinado al teatro comercial sin las dependencias más sutiles pero más odiosas del teatro subvencionado, aceptó el encargo, y el avispado productor Jesús Cimarro vio otra oportunidad para jugársela. María Dolores Herrera tiene un tirón considerable en el público maduro que la ha visto llegar a sus 89 años dale que dale, una actriz con setenta años de trabajo a cuestas. Los ingredientes eran buenos. Y han acertado.

Es una obra hecha con el propósito de lucimiento de una actriz octogenaria que tire de experiencia. Lola Herrera aguanta la prueba dosificando fuerzas, corrigiendo sobre la marcha algunos lapsus y convenciendo a su entregado público. Natalia Dicenta y Carlos Olalla la secundan sin pretender sobrepasarla. La dirección actoral de Tolcachir es la adecuada, sobria, para un texto que ya viene cargado de sentimentalismo, de ternura de la que hoy no se lleva, de literatura idealista con un argumento y unos diálogos que resultarían ya lejanos por partir de coordenadas espacio-temporales tan distantes, por no hablar de las diferencias culturales entre el mundo anglo y el mediterráneo. Todo lo que dicen y hablan estos tres personajes resulta ajeno, y el espectáculo se hace teatral en grado sumo, teatro a la antigua usanza. Al final es el reverendo Marius el personaje más sutil y su salida de escena les dejará pensativos.

La obra tiene un fuerte componente espiritual, ejemplifica el valor de las personas que se atreven a ir contracorriente y la entereza necesaria para hacer frente a los contratiempos que siempre nos rodearán. También repara en el valor de la creación artística como terapia y realización personal, de su inmenso valor intrínseco más allá de si es reconocido por los demás. Tiene un mensaje optimista nada simplón, y aunque sufre esos inconvenientes de los diálogos dramáticos impostados del teatro del pasado siglo, acierta a bandear el tono panfletario al que se presta el contexto argumental y todo queda donde todo acaba, en las personas.

La escenografía es atractiva gracias al toque étnico de Alessio Meloi, y el vestuario de Pablo Menor y la iluminación de Juan Gómez-Cornejo, los correctos. ‘Camino a la Meca’ se estrenó en el Teatro Palacio Valdés de Avilés y ya está en gira, parando en el Teatro Bellas Artes durante cinco semanas.

‘The road to Mecca’ fue estrenada en 1984 en Yale, llevada al cine en 1991, y estuvo varios años vetada en EEUU; pero fue escalando el éxito hasta llegar en 2011 a Broadway (ver unas escenas) y en 2012 a Londres, donde The Guardian la recibió cordial (ver crítica). En 2020 se programó en homenaje al autor en el teatro de Ciudad del Cabo que lleva su nombre (ver resumen).

El 9 de marzo, seis días antes de que viéramos su obra este sábado en Madrid, Fugard falleció a los 92 años probablemente en el mismo pueblo en que viviera Helen Martins, donde se instaló y había pedido ser enterrado.

Calificación del espectáculo (del 1 al 10)
Interés, 7
Texto, 7
Dirección, 8
Escenografía, 7
Interpretación, 8
Producción, 8

Teatro Bellas Artes
‘Camino a la Meca’, de Athol Fugard
Del 11 de marzo al 27 de abril de 2025

Director. Claudio Tolcachir
Intérpretes. Lola Herrera, Natalia Dicenta y Carlos Olalla

Escenografía: Alessio Meloni
Vestuario: Pablo Menor
Iluminación: Juan Gómez-Cornejo
Ayudante de dirección: María García de Oteyza
Gerente/Regidor: Leo Granulles
Técnico de sonido: Félix Botana
Técnico de iluminación: Javier Gómiz
Maquinista: Alfonso Peña
Peluquería y sastrería: Gema Moreno
Productor: Jesús Cimarro
Una producción de Pentación Espectáculos

Duración: 90 minutos.
Horarios de martes a viernes a las 20:00h, sábados y domingos a las 19:00h
Precios Platea: de 23,00€ a 28,00€ Anfiteatro: de 17,00€ a 24,00€.

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