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La vida en pocas líneas y muchas obras de Hugette Caland
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La vida en pocas líneas y muchas obras de Hugette Caland

Por José Catalán Deus
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jcdeustelefonicanet/6/6/17
viernes 21 de marzo de 2025, 19:12h

Como tantos artistas, pasó por sucesivas fases buscando la mejor forma de expresarse y al final no parece que la encontrara. Su obra es muy desigual y en ella destacan sus cartas silenciosas y sus paisajes urbanos, meticulosas sucesiones ordenadas pacientemente devorando al gran devorador, el tiempo.

Es la primera retrospectiva en Europa de esta artista libanesa de origen, occidental de voluntad, y nos la presentan como un desafío a las convenciones estéticas, sociales y sexuales de su tiempo y de los diferentes lugares en los que trabajó. Según Manuel Segade, ‘una artista fundamental, con una trayectoria singular y un trabajo polifacético lleno de carne, abstracción, corporalidad y diálogo profundo con las tradiciones de Oriente Medio’. Para el director del Deichtorhallen de Hamburgo, Dirk Luckow, a donde viajará esta retrospectiva en octubre, es importante ‘descubrir en este momento a esta artista con esta valía, una artista rebelde y vitalista con una obra multifacética, un lenguaje único, donde el cuerpo de la mujer está muy presente y transmite ternura y grandiosidad’. Retratos-robot al gusto actual. La comisaria de la muestra, Hannah Feldman, sin embargo, ha recordado que la artista rechazó todas las etiquetas en su búsqueda de la libertad y la estética.

Reúne unas 300 obras, muchas inéditas, entre dibujos, pinturas, textiles y collages y quiere superar las narrativas basadas exclusivamente en su actitud transgresora, su desarraigo cosmopolita y su apoliticismo. El resultado es un repaso exhaustivo a toda una vida dedicada a pintar que merece respeto pero no admiración. Hija única del primer presidente de la república libanesa independiente, Bechara El Khoury, nació en Beirut en 1931. Y su marido, con quien tuvo tres hijos, sin embargo era hijo de una figura de la oposición que favorecía el mandato francés. Allí inició sus primeros estudios de arte, aunque vivió gran parte de su vida adulta en París y Los Ángeles, retornando a su Beirut natal en sus últimos años, de donde no han podido traerse obras suyas tras la invasión de Israel, por el riesgo del traslado. Precisamente, una de las que se ha quedado allí, Una vida en pocas líneas, es la que da título a esta exposición.

La muestra se organiza de forma cronológica y recursiva, de forma que avanza y retorna a tiempos pasados, ocupando un total de doce salas por las que se recorren las diferentes fases artísticas y personales por las que atravesó la artista, fallecida en 2019. Comienza y termina en Beirut, pasando desde sus primeras obras de los años sesenta y setenta hasta la segunda década del siglo XXI. Las obras se muestran en relación con los lugares en los que Caland desarrolló su prolífica obra: los tumultuosos años del Beirut posterior a la independencia, pero anterior a la guerra civil, el liberalismo utópico del París de los años setenta y ochenta y la decadencia bohemia de la escena artística de Los Ángeles, concentrada en Venice Beach, en los años noventa y primeros dos mil.

En 1964, a los 33 años y tras la muerte de su padre (Salas 1 y 2. Devenires), Caland, que había estudiado dibujo a los dieciséis años, pinta su primer cuadro, el casi monocromo Red Sun/Cancer, Sol rojo/Cáncer, así titulado porque representa simultáneamente un nuevo comienzo para Caland como artista y el cáncer que había devorado a su padre. Self Portrait in Smock /Autorretrato con bata (1992), es uno de los muchos autorretratos que pintó a lo largo de su carrera. También encontramos en estas salas, criaturas fantásticas que se asemejan a insectos y paisajes urbanos, terrestres y marinos que reflejarían la claustrofobia de su entorno y su naciente curiosidad por la representación de partes del cuerpo, el lenguaje y los signos gráficos. Enlève ton doigt/Sácame el dedo fue pintado poco después de que abandonara el Líbano, cuya acusada occidentalización de entonces no le parecía suficiente.

En París (Sala 3 y 4. Ser carne. Bribes de corps) adoptó para siempre el caftán, una prenda larga y holgada que se convirtió en uno de sus rasgos identificativos y comenzó la que se ha convertido en su serie más célebre, Bribes de corps/Retazos de cuerpo. Con fuerza cromática y mínima expresión formal se han querido ver como representaciones carnales sensualmente sugerentes, alusiones a senos, nalgas y labios vaginales que se metamorfosean en protuberancias semiabiertas ambivalentes. En broma y en serio podríamos decir que vienen a ser ‘rothkos’ con curvas y en tono pastel. Cuando la década de los 70 llegó a su fin, pasó a obras diminutas, del tamaño de una postal, donde las partes del cuerpo adquieren ojos y bocas casi caricaturescas con labios anchos y fruncidos, añadiendo nuevos orificios. En Guerre incivile/ Guerra incivil (1981) vemos una rara representación de la guerra civil libanesa. Donde antes las partes del cuerpo habían sido presagios de placer y sensación táctil, aquí se transforman en miembros amputados y rostros agonizantes.

El trazo lineal de Caland (Sala 5. Seducciones) es un sello inconfundible de su obra, dibujos sin levantar el lápiz o la pluma del papel hasta que la idea o el concepto estuviera completamente expuesto: ‘…Una única línea que atraviesa el universo. Ha sido mi gran fantasía… Es una línea elástica y totalmente imaginaria. Para mí existe. Cada vez que dibujamos algo, atrapamos esa línea y luego la dejamos ir’. Destacaría Mustafa acrobate/ Acróbata Mustafa ( 1971). En Francia (Sala 6. Interioridades. Criaturas de ensueño), continuó durante la década de 1980 explorando emociones, sueños y partes del cuerpo poco accesibles. Sus pinturas también empezaron a adquirir una magnitud escultórica que Caland había observado en la obra de su amante, el escultor rumano Georges Apostu. En Funambule, Funámbulo (1984) dicen que se refiere a su propia vida como un auténtico acto de equilibrio. A mediados de la década de 1980 (Sala 7. Exterioridades. Espacios Blancos) empieza a desarrollar los “bodyscapes” donde se mezcla la idea del paisaje con partes del cuerpo. Son retazos de cuerpo combinados formando paisajes que desarrolla posteriormente en Venice, Los Angeles, a donde se traslada en 1987, tras la muerte de su amante Apostu.

Durante su estancia en Los Ángeles (sala 8), incorpora nuevos materiales a su lenguaje artístico, entre ellos las cartas que había enviado a su amante Mustafa décadas antes. Rompió estas cartas en pedazos para insertarlas en su trabajo, y en 1991-92 construyó una extensa serie de autorretratos en collage, así como la obra maestra monocromática Nude Letters/Cartas desnudas (1991). En estos autorretratos, que mezclan escritura y pintura, vemos ocasionalmente trozos o fragmentos de letras ilegibles metidos en la imagen de una boca. El silencio, opinaba, es la mejor forma de comunicación. Entre otras series, Argent (Sala 9. Juego) cuyo título completo es ‘L’argent ne fait pas le bonheur, mais il y contribue largement/ El dinero no compra la felicidad, pero contribuye en gran medida a ella’ (1994-95) consistió en pintar cada día un pequeño cuadro a partir de una moneda de algún lugar del mundo. Teniendo en cuenta que apenas vendió obras como artista, Caland aborda aquí con humor e ironía el mercado del arte. Entre otras pequeñas esculturas de papel maché, un retrato abstracto de su amante, el pintor Ed Moses; la serie Cristine, con poses eróticas de una de sus musas; y Pubic Hair/Vello Púbico.

En la primera década de los 2000 (Sala 10. Retiros), Caland comenzó a pintar la serie que llamó Silent Letters/Cartas silenciosas, escritas a mano destinadas a personas reales, emulando páginas de libros. Mientras (Sala 11. Cuadrículas), exploraba los paisajes urbanos a modo de cartógrafo. En su serie Cityscapes, traza meticulosamente la retícula de una ciudad, podría ser cualquiera, pero recuerdan las manzanas cuadriculadas de Venice Beach o el urbanismo caótico de Beirut. En la última década de su vida (Sala 12. Finales, regresos, nuevos comienzos), Huguette Caland regresa a Beirut en 2013 y reflexiona sobre su vejez. Después de lesionarse la rodilla, desarrolla una afinidad con el personaje de Rocinante, el “corcel demacrado” de Don Quijote, y crea una serie de obras humorísticas pero muy oscuras donde aparecen rostros caricaturescos e insectos fantásticos enmarcados dentro de patrones que hacen referencia al bordado palestino o tatreez (donde cada patrón de puntadas cuenta una historia sobre el lugar y el hogar de su creador). Según Feldman hablan de una artista que intenta comprender el envejecimiento de su cuerpo.

Sus últimas obras son lienzos de gran formato que se asemejan tanto a murales como a tapices y, en ocasiones, a colchas, pintados por partes, doblándolos en secciones después de teñidos en una lavadora, hablan de viejos recuerdos de su juventud y sueños fantásticos de lugares nunca vistos; la artista se aleja de los rojos con los que inició su carrera y se acerca a los azules que evocan el mar Mediterráneo, con una de las obras más destacadas de toda su trayectoria, quizás la que más, Le Grand Bleu /El Gran Mar (2012). Huguette Caland regresó a Beirut en 2013 y falleció en 2019 a la edad de 88 años, cuando su obra alcanzaba reconocimiento internacional.

Querer presentarla como una rebelde -era una millonaria diletante- o enmarcada en lo que está pasando en Oriente Medio -en California y París desarrolló su vida-, no tiene mucho sentido. Júzguela cada uno por su obra o por la parte de la misma que más le guste.

Aproximación a la propuesta (del 1 al 10)
Interés: 6
Despliegue: 6
Comisariado: 7
Catálogo: 8
Programa de mano: n/v
Documentación a los medios: 8

Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía
‘Huguette Caland: Una vida en pocas líneas’
Del 19 de febrero al 25 de agosto de 2025.
Comisariado Hannah Feldman
Coordinación María del Castillo Cabeza, Camino Prieto Cadenas
En colaboración con Deichtorhallen, Hamburgo.

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