Stalin es para la opinión pblica un monstruo más pequeño que Hitler, al que todavía puede defenderse en voz baja. El estalinismo duró tres décadas y produjo un desarrollo económico espectacular a base de una represión gigantesca. Stalin creó una superpotencia militar y política a base del esfuerzo de la población y mucha visión estratégica. Es un periodo histórico relativamente bien conocido en sus aspectos sociales, políticos, económicos e incluso culturales. Ha sido objeto de revisión histórica (y política) prácticamente desde la posterior llegada al poder de Kruschev. Y por supuesto que además de planes quinquenales, victoria en la segunda guerra mundial, y radicalidad de su pretensión totalitaria, la época de Stalin es la del llamado realismo socialista, el canon obligatorio para todos los artistas soviéticos desde 1932.
Y, sin embargo, el amplio despliegue historiográfico general sobre la época de Stalin y el estalinismo contrasta con el relativo desconocimiento del arte de ese periodo, de su valor, del significado de sus fórmulas (nacional en la forma y socialista en el contenido) y su función y, más allá, de la relación del realismo socialista con los movimientos de vanguardia que le precedieron o con los otros realismos que, en otros países, se desarrollaron en paralelo a él durante los años treinta del pasado siglo.
Pues bien, en pleno barrio de Salamanca, bastión del conservadurismo español, la Fundación Juan March, -una institución fundada por uno de nuestros verdaderos tiburones capitalistas, alguien que creó un imperio financiero en pocos años y dos guerras-, propone una rehabilitación del realismo soviético que, aunque en marcha en el mundo desde hace algn tiempo, nunca ha sido presentada con tanta convicción y claridad. Javier Gomá, presidente de la misma, y Manuel Fontán del Junco, director de exposiciones y comisario de ésta, se sentaron trajeados y elegantes como de costumbre para defender y exponer esta desusada propuesta, que además es adoptada plenamente, sin comisario externo al que poder culpar de tamaño exceso. Detrás de ellos, el óleo La defensa de Petrogrado, de 1928.
Ciertamente la Fundación pone siempre cierta audacia en sus propuestas y ha mostrado interés especial en las cosas de ese continente Rusia-URSS-Rusia que cambió de nombre y volvió al de siempre. En 1985, con el régimen soviético an vigente, presentaron Vanguardia rusa, 1910-1930, la primera celebrada en España. Y en 2008 proponían La Ilustración total. Arte conceptual de Mosc, 1960-1990, una reflexión crítica, a medias entre el conceptualismo y un peculiar Pop soviético, sobre la época anterior. Sólo faltaba dedicar una exposición al tiempo histórico transcurrido entre ambas realidades: justamente, al arte de la época de Stalin. Y es lo que hacen esta vez con gran acierto.
Para este viaje, el hilo conductor es Deineka (1899-1969) con 80 obras del artista, el más amplio pero no el primer despliegue en Occidente, tras la muestra pionera de 1982 celebrada en Dsseldorf y la más reciente celebrada en Roma. La fuerza pictórica de Deineka, como la fascinante ambigedad de su arte y de su figura, se presta a la exploración del fulgurante optimismo primero, del cansancio burocrático después. Fue miembro de las ltimas agrupaciones de la vanguardia constructivista (como Oktyabr u OST) y agitador comprometido con la revolución y la construcción socialista del país, no se libró de ser acusado de formalismo pero recibió destacados encargos del estado soviético que lo terminó elevando a autoridad indiscutible.
Su obra es introducida mediante una cuidada y amplia selección de la vanguardia rusa y traza un arco que parte de la primera ópera futurista La Victoria sobre el Sol de Kruchionij y Malévich, de 1913 y concluye con la muerte de Stalin en 1953. Sus crepusculares obras de los años 50 parecen contarnos que el halo de futuro que parecen poseer algunas de sus composiciones primeras adquiere la dura materialidad del gris presente de la vida cotidiana en el que la utopía pareció haberse solidificado, se nos señala. Combinando muestras de su trabajo como grafista, sus extraordinarios carteles y su colaboración en revistas con sus impresionantes obras de formato monumental, la exposición rene escenas de masas entusiastas, de instalaciones fabriles, de deportistas y agricultores, magníficas aventuras pictóricas de gran belleza formal, metáforas de la utopía soviética.
La exposición va acompañada de una edición facsímil de uno de los libros infantiles ilustrados por Deineka (El electricista, de 1930) y de un catálogo en dos ediciones, española e inglesa, ampliamente documentado e ilustrado, con contribuciones de una decena de especialistas y una antología de textos y documentos históricos de entre 1913 y 1969: se trata de más de una cincuentena de textos, en su mayoría inéditos en español, presentados en edición crítica y en traducción directa del ruso; el lector encontrará en ella desde textos clave de la vanguardia rusa hasta las proclamas, manifiestos y polémicas del arte revolucionario y los documentos fundacionales del realismo socialista.
Como complemento de la exposición, algo habitual y especialmente valioso en las exposiciones de la FJM, se ha programado para el mes de octubre un ciclo de conciertos Msica soviética, de la revolución a Stalin. Las diversas tendencias compositivas y las diferentes relaciones que los principales compositores del periodo lograron mantener con las autoridades del régimen son las líneas que articulan los programas que conforman este ciclo de conciertos, con siete compositores (Aram Khachaturian, Dimitri Shostakovich, Sergei Prokofiev, Dimitri Kabalebsky, Sergei Rachmaninov, Mieczyslaw Weinberg y Galina Ivánovna Ustvolkaya) cuyas carreras nacieron o se forjaron en estas complejas circunstancias.
El régimen estalinista duró el doble que el régimen franquista, fue mucho más duro y sus logros, aparentemente mayores, terminaron en casi nada. La transición a la democracia fue mucho más fácil e incomparablemente menos dolorosa aquí que allí. Stalin fue un dirigente político con vocación de militar y Franco un militar con vocación de dirigente político. Representaron regímenes antagónicos pero similares. Soluciones provisionales en del largo transcurrir de la historia.
La Casa Encendida complementa a la FJM presentando La caballería roja. Creación y poder en la Rusia soviética de 1917 a 1945, comisariada por Rosa Ferré, y dentro del programa oficial del Año de Rusia en España, un proyecto que engloba además cine, msica y propuestas escénicas.
Este vistazo al régimen soviético a través del realismo socialista es una oportunidad nica para nostálgicos y detractores de corregir o remachar sus puntos de vista.
Aproximación a la exposición (del 1 al 10)
Interés: 8
Despliegue: 8
Comisariado: 8
Fundación Juan March
ALEKSANDR DEINEKA (1899-1969)
UNA VANGUARDIA PARA EL PROLETARIADO
Hasta el 15 de enero de 2012.
Castelló, 77 28006 Madrid