Alfredo Sanzol confirma ser el autor más interesante del teatro español actual. Inventó una fórmula a base de fragmentos cortos que se suceden sin interrupción ni aparente hilazón, un caleidoscopio de historias breves que finalmente se complementan. En la luna es su cuarta entrega en tres años, tras las memorables Sí, pero no lo soy, Días estupendos y Delicadas. Podrá discutirse si mejora o empeora, si tiene más enjundia ahora o ha perdido algo de frescura, pero no podrá negarse que es una de las pocas luminarias actuales de nuestro teatro. Y lo es porque además es un director de actores extraordinario, que consigue siempre de sus repartos intervenciones sobresalientes que multiplican el impacto de su textos, equipos corales que tienen la mitad del mérito en el resultado final.
Estar en la luna va a ser una metáfora de tener una visión diferente a la que hoy se ha impuesto oficial y hasta dictatorialmente en la superestructura cultural española. Estar en la luna no es estar en la inopia, y el mosaico de Sanzol se inicia con la muerte de Franco y el cambio de chaqueta colectivo, y termina con la festejada apertura de fosas de víctimas del bando nacional durante la guerra civil, en el marco de la campaña de recuperación de la memoria histórica que tuvo distraída a la gente los ltimos ocho años mientras algunos hundían el país y dilapidaban más de medio siglo de trabajo.
Decenas de personajes y seis actores ventilándoselos con dominio absoluto uno tras otro; sin cambiar de ropa, con el bigote y la permanente puestos; niños, adolescentes y adultos al mismo tiempo. Por qué resuiltan creíbles en todos ellos sin ni siquiera cambiar de tono? Solamente una escenografía fija y absurda, una luna desde la que se ven dos planetas tierra, que se prolonga en un gotelet tapizado en las primeras filas de la platea. Un no lugar en el que todas las fantasías son posibles.
Iluminación y msica son sutiles invitados. Es sencillamente estupenda la caracterización de los personajes. Si las tres actrices están bien, los tres actores están mejor. O al revés. Juan Codina está impresionante de mohíno franquista (ecos de La escopeta nacional) y de rencoroso antifranquista, Jess Noguero hace de lobo feroz y de lo que le echen, y la calvicie de Luis Moreno puede con todo. Palmira Ferrer consigue ese gesto que llena las fotos de la época y vale mil palabras, Nuria Mencía es la señora del tercero resucitada, y Lucía Quintana una adolescente de armas tomar. Los seis confirman la regla de las obras que dirige este director: excelente resultado. En el texto sobra nicamente la sobrecarga de pollas y coños en bocas tan inocentes.
VALORACIÓN DEL ESPECTCULO (del 1 al 10)
Interés: 8
Texto: 8
Dirección: 9
Interpretación: 9
Escenografía: 7
Realización: 7
Producción: 7
TEATRO DE LA ABADÍA
EN LA LUNA
Texto y dirección, Alfredo Sanzol
REPARTO
Juan Codina
Luis Moreno
Palmira Ferrer
Jess Noguero
Nuria Mencía
Lucía Quintana
Escenografía y vestuario: Alejandro Andjar
Iluminación: Pedro Yage
Msica: Fernando Velázquez
Peluquería y maquillaje Chema Noci
Ayudante de dirección Pietro Olivera
Ayudante de escenografía y vestuario Adriana Parra
Asistente de dirección Andrea Delicado
Una producción de Teatro de La Abadía en coproducción con Teatro Lliure. Colabora Lazona.
Del 23 de noviembre al 8 de enero de 2012
Martes a sábado 20:30 h.
Domingo 19 h.
C/ Fernández de los Ríos, 42
28015 Madrid
Tel.: 91 448 11 81
Duración aproximada. 1 hora y 50 minutos
www.teatroabadia.com